El multivitamínico de la mañana es un ritual para muchos deportistas: bote abierto, pastilla, trago de agua y a correr. Pero quizá estés pagando por algo que tu cuerpo no aprovecha. Los grandes metaanálisis son claros: en personas que comen razonablemente normal, el efecto de los multivitamínicos sobre la salud es mínimo.
Por qué «por si acaso» no es un buen argumento
Con una dieta mínimamente variada (verdura, fruta, proteína, cereales), una carencia real de vitaminas es rara. La lógica del «por seguridad» ignora una cosa: el exceso de la mayoría de las vitaminas simplemente se elimina, y en algunas (las liposolubles A, D, E y K) un exceso crónico puede incluso dar problemas. La probabilidad de una sobredosis inútil con un multi de dosis altas es mayor que la de tapar una carencia real.
Suplementa con puntería, no a voleo
Los suplementos se vuelven útiles cuando responden a una necesidad concreta:
Vitamina D: la carencia más extendida, sobre todo en invierno y si trabajas en interiores: mira déficit de vitamina D.
Vitamina B12: imprescindible como suplemento si comes vegano, a menudo útil siendo vegetariano.
Hierro: solo con una carencia confirmada por analítica, no como prevención.
Omega-3: si no comes pescado azul: mira omega-3.
Magnesio: plausible en deportistas que sudan mucho: mira magnesio.
Cuándo sí tiene sentido un multivitamínico
Quedan situaciones donde un multi se defiende: una dieta muy restrictiva en calorías, una alimentación objetivamente pobre y difícil de corregir, o una temporada de viajes comiendo cualquier cosa. En ese caso, elige un multi de dosis moderadas (en torno al 100 % de los valores de referencia, no al 1000 %) y trátalo como una red de seguridad temporal, no como una base.
Gasta tu presupuesto donde cuenta
El dinero de un multi diario suele estar mejor invertido en los suplementos con efecto demostrado para deportistas: la creatina, una buena proteína si tu dieta no llega, y vitamina D en los meses oscuros. Compara los precios por dosis en nuestro comparador antes de comprar.